Los pájaros no ven de noche


http://lospajarosnovendenoche.blogspot.com/

Probablemente este es uno de los blogs más feos que me he encontrado. La combinación de colores elegida por el autor de la blasfemia visual es, además de horrorosa, perjudicial para la salud oftálmica del atrevido lector que piensa que va a encontrar algo que merezca la pena en semejante florero. Pero no nos dejemos llevar por la primera impresión y examinemos detalladamente el engendro, que para eso me puso el Altísimo en este brete.


Aunque el color de fondo del blog y de fondo de los posts no podría ser peor, la letra elegida, así como su tamaño y su color (un gris oscuro que le quita la agresividad que el negro tiene), le dan a "Los pájaros no ven de noche" una apariencia en parte -y sólo en parte- elegante y refinada, porque aunque uno trate de ver los bueno de las cosas, no deja de ir la vista a ese espantoso tapiz que adorna el piso de esta web.

No tiene demasiada complicación el sidebar del blog, con los aditamentos justos para adornar algo, pues para eso lo quiere el autor, porque utilidad poca se le encuentra a la zona lateral. Comete también el autor otro defecto que me hará bajarle la nota, pues aunque tiene la deferencia de decir "este soy yo", no habla absolutamente nada de él, colocando un escueto "soy un hombre argentino" y su dirección de email. Coloque una foto suya y hable un poco de quién es usted, de la forma en que llegó a esto de los blogs, qué pretende y qué ofrece en el suyo, porque eso de "algunas mentiras mas" (por supuesto, sin tilde), no me termina de cuadrar. ¿Estoy analizando el blog de un niño de 10 años, de un tarado adolescente imberbe y homosexual o de un señor que ronda la cuarentena con mucho que hacer y con una familia tradicional a su cargo?

Dejando aparte definitivamente el tema visual, en el que el creador del blog, un tal señor Potoca -¡qué difícil me lo ponen, realmente!- se ha ganado a pulso un estruendoso e implacable tomatazo en la cara, tengo el sentimiento de enfrentarme a otro blog personal más, uno de esos que es difícil que te hagan algo de mella y ante los que uno se gira para que choque su contenido directamente contra su caparazón, algo que seguramente piensan muchos de los casi 4000 visitantes que han leído este blog, cifra respetable pero que en 3 años indica que el autor no es un ídolo de masas... ni lo pretende.

Debería cuidar más a su escasa parroquia, señor Potoca; son pocos los que le siguen y menos aún los que comentan en su blog, pero no da usted juego para el comentario y, cuando este se produce, suele usted ser un poco grosero y no contestar los comentarios. Mal vamos, hasta ahora, señor Potoca.

A ver si lo arreglamos un poco con el contenido. Evidentemente, así es, aunque a usted le importen bien poco las formas de lo que escribe. En su favor está decirle que no tiene usted apenas faltas de ortografía, pero sí que tiene que ser más atento a la hora de colocar tildes. 

¿Y qué escribe Potoca?

Los escritos del señor Potoca son, además de cortos, escasos, pero generalizando un poco porque hay alguna aberración sin sentido en lo que escribe, bastante divertidos. El lenguaje es llano y directo, algo muy bien conseguido por el autor y que se agradece, pues aunque últimamente sus textos suelen ser cortos, antes se regalaba con una larga prosa que hacía las veces de punto de fuga de una mente brillante ansiosa de unos minutos de desconexión.

El señor Potoca entretiene sin mayores pretensiones, y eso es loable, pero cuando encuentra un tema al que sacarle el jugo y digno de ser incrustado en su blog, en ocasiones suele caer en el problema de no saberlo adornar debidamente, terminando uno de leer un escrito y preguntarse... ¿ya he terminado? ¿y el gong final? Esto le sucede al señor Potoca en muchos de sus escritos, a los que le falta una resolución acorde con el planteamiento. En otros, sin embargo, el autor edulcora poco a poco la amalgama bien construida de palabras para terminar uno plenamente satisfecho, sin el empacho de esa guinda demasiado dulzona que nos haría arrepentirnos de haber seguido leyendo, de tomar una cucharada más.

Prudencia y conexión con el lector son los calificativos que me vienen a la cabeza cuando leo al señor Potoca, alguien que sabe crear una historia cuando se esmera mínimamente, pero que es vago y holgazán, entrándole la prisa en demasiadas ocasiones para terminar de forma precipitada lo que nunca debería haberse terminado tan abruptamente.

Señor Potoca, la función de entretener la consigue con creces, aplíquese un poco más y verá cómo la recompensa merece la pena.



Veredicto del inquisidor: 

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